Mujeres afganas

   De un día para otro, la vida de unos 19 millones de mujeres y niñas afganas se ha roto.

   Ser mujer en Afganistán nunca ha sido fácil. Incluso en los años más recientes, las tasas de analfabetismo femenino, la violencia de género y los obstáculos legales y culturales para la igualdad de oportunidades siguen estando entre los peores del mundo.  Aun así, en los últimos años las mujeres afganas han participado más activamente en la vida política, económica y social del país, llegando a tener en el gobierno a cuatro ministras. En 2019 más de mil mujeres contaban con sus propios negocios.

    A pesar del conflicto permanente, mujeres afganas han conseguido ser abogadas, médicas, juezas, profesoras, ingenieras, atletas, políticas, periodistas, empresarias, agentes de policía y miembros del ejército y activistas de derechos humanos.

   La historia se vuelve a repetir y tras dos décadas desde 2001, donde los derechos de las mujeres y las niñas han progresado sustancialmente, los talibanes con su entrada en Kabul, han vuelto a imponer sus ideas más radicales y extremistas sobre las mujeres del país. Sin permitir el ejercicio de derechos fundamentales como son los de salir de casa, pisar la calle solas, estudiar, trabajar, conducir, viajar solas, tener dinero propio, participar en las decisiones de su comunidad política, asistir a una consulta médica por propia decisión o quedarse a solas con el médico varón para contarle sus problemas de salud por considerar todas estas acciones contrarias al Islam en el caso único y exclusivo de las mujeres. Todo bajo pena de ser lapidadas, mutiladas, latigadas o presas.

   Esta imposición pone a las mujeres afganas en una situación catastrófica ante el inminente incumplimiento de los derechos humanos.

   El miedo a los talibanes les empuja a esconderse en sus casas, a cubrirse para salir o a intentar abandonar el país. Muchas se han quedado sin trabajo y las que lo mantienen están obligadas a llevar el burka.

   Esta última imposición, supone que las mujeres no puedan mostrar ninguna parte de su cuerpo en público, por lo que están obligadas a llevar un velo largo que les cubre, incluida la cara. Esta mirada fundamentalista de la sharia -ley islámica- obliga a las mujeres a total obediencia frente a su padre o esposo y al uso del burka como señal de modestia, moralidad y no incitación a la violación. Esta es la infernal vida que las mujeres afganas están obligadas a llevar bajo el nuevo régimen talibán. 

 

   Nosotras como colectivo que trabaja para las mujeres y con las mujeres, desde aquí, denunciamos el abuso al que están siendo sometidas las mujeres afganas. Con nuestro trabajo queremos promover la erradicación de la violencia contra las mujeres y las niñas, incluyendo la violencia sexual, los matrimonios forzados y el matrimonio infantil.

   Desde el Proyecto Nazaret mostramos nuestra solidaridad con todas las mujeres afganas que no han podido salir de su país y que se han quedado allí sometidas a una tragedia de vida.

 

   Ponerse en el lugar de la otra persona es el signo de humanidad que nos une. Es la base de la universalidad de los derechos humanos. 

Hemos cambiado de SEDE

Aún en medio de esta situación de confinamiento, tenemos buenas noticias para ti: 

Queremos ofrecerte un mejor servicio. Hemos aprovechado la crisis para reinventarnos y lograr uno de nuestros objetivos como entidad: mejorar la calidad de  atención a nuestras beneficiarias. 

La nueva sede del Centro Integral de Ayuda a la Mujer es más grande, cuenta con salas, aulas y despachos luminosos y ventilados desde las que  podremos atenderte en modalidad presencial, semipresencial, telefónica y online. 

Esperamos que muy pronto puedas venir a conocerla y asistir a nuestros nuevos talleres. 

Contamos con un aula magna para reuniones y proyecciones, sala de Musicoterapia, nuevos despachos de atención profesional…

Este cambio es un intento de contagiarte nuestras ganas de seguir apostando por ti, por tu familia. De seguir luchando contigo por tus sueños y esperanzas. TRABAJAMOS contigo !!